Descargar: Otro Planeta – Kit de Prensa 

Rafael Vega

Los niños perdidos

Sobrevuela en la sala una inquietante vergüenza tras la proyección de 'Másik Bolygó' ('Otro Planeta'), la excepcional película de Ferenc Moldovanyi que sin un plano de menos, ni una narración de más, nos guía por la vida cotidiana e infernal de varios niños y niñas esparcidos por el mundo: una cigarrera que de noche aguanta el frío y la soledad de la calle mientras es tratada como una esclava en su casa, un limpiabotas, un niño que fabrica ladrillos a destajo, otro que fue expulsado por su padrastro, tras la muerte de su madre, bajo la acusación de brujería, una niña introducida en la prostitución tras una violación a los ocho años, otras niñas condenadas a buscar plástico y aluminio en los vertederos para conseguir el dólar necesario para comer, niños soldado…   Las historias fluyen por la pantalla como una pesadilla. Esto que vemos no es un planeta imaginario ideado en la mente enfermiza de un monstruo. Es el nuestro, en nuestros días. Y sólo una magistral y contenida realización evita que el espectador se dé la vuelta como un guante y se indigeste con tanto sobrecogimiento antes de que su interior despierte y se conmueva hacia la reflexión. Moldovanyi tiene la capacidad de rodar una sublime película con el horror como materia prima y eleva su documental al ensayo cuando incluye un ritual Tarahumara para dar la bienvenida a un bebé, para quien el chamán deseará que «el Creador le conceda muchos días buenos».

Rafael Vega - Norte Castilla

Phillip Bergson

Festival21.com

Pocas cosas pueden deleitar más a directores de cine y festivales que los llenos totales en sábado a la hora de elegir obras como Otro Planeta, el poema-documental de Ferenc Moldoványi sobre el sufrimiento de los niños en algunos rincones no tan remotos de nuestro mundo. Una producción cuidadosamente elaborada durante casi cinco años que emocionó hasta las lágrimas a algunos espectadores que contemplaron el lamentable espectáculo de prostitutas menores de edad o de diminutos, pero en ningún modo muñecos soldado reclutados en El Congo, de alguna manera encarando su destino con una inquietante naturalidad. El director asentado en Budapest ha vuelto a Mannheim después de haber presentado aquí un cortometraje hace algunos años, con un excepcional documental seleccionado para la Sección Internacional del festival y que fue rodado literalmente a lo largo del planeta. Ha encabezado todas las encuestas de los críticos publicadas en el periódico bilingüe del festival.

Phillip Bergson - Festival21.com

Ronald Holloway

Kino

Sin duda, Masik bolygo (Otro Planeta) de Ferenc Moldoványi, galardonada con el Premio Especial del Jurado, ha sido la participación más impactante en Mannheim-Heidelberg. El único documental que aspiraba a los máximos honores, Otro Planeta, fue planeado durante siete años y realizado en cuatro. Junto al as del cine Tibor Mathé, Ferenc Moldoványi desvela la “cara oculta de nuestro planeta” con ejemplos como la apremiante situación de los niños en Ecuador, Camboya y el Congo, cuyas vidas son marcadas por circunstancias que van más allá de su control. Tanto película de ficción como documental, el poder de esta cinta se genera a partir del testimonio directo de los niños, que se utiliza para describir su lamentable destino como soldados, trabajadores y prostitutas.

Ronald Holloway - Kino

Tue Steen Müller

Filmkommentaren

Quiero que vengan conmigo a dar una vuelta por este mundo maravilloso, donde muchos niños viven en la miseria más absoluta. El niño soldado, el limpiabotas, la niña prostituta que fue violada cuando tenía 8 años, la chica que vende chicle en las calles, el que hurga en las basuras, etc. Ellos nos ofrecen sus sueños. Ellos nos muestran su vida cotidiana. Nosotros lo contemplamos y nos sentimos avergonzados, deprimidos, al mismo tiempo que sentimos que tenemos que creer que algo podría cambiar. Si la energía de estos niños pudiera transformarse en algo positivo. Si… Moldoványi, uno de los directores de documentales más ambicioso que conozco, ha hecho otra película única.

Tue Steen Müller - Filmkommentaren

 

Festival de Cine del Mundo de Montreal Blog

El documental Otro Planeta de Ferenc Moldoványi es un examen conmovedor y cotidiano de la dura realidad a la que se enfrentan los niños trabajadores en Camboya, El Congo y Ecuador. Uno vende cigarrillos en la calle por la noche, otros trabajan en chatarrerías con maquinaria peligrosa, algunos combaten en las guerras o recogen basura todo el día o se prostituyen para sobrevivir. Si buscan una película que proporcione ejemplos, reflejos vivientes de los artículos humanitarios que aparecen ocasionalmente en revistas como National Geographic, ejemplos de quienes soportan estoicamente la impotencia espiritual, cultural, familiar y social con la paciencia de Job y la resignación de Hefesto, Otro Planeta es de visión obligatoria, un contundente triunfo cinematográfico cuya existencia es el resultado del compromiso inquebrantable de Moldoványi. El material fílmico es excepcional y tan impresionante como lo mejor de Herzog en términos de vencer los aparentemente insalvables obstáculos de producción. Las llamas rodean a estos niños constantemente y no pueden detenerse para descubrir de dónde vienen, así como tratar de encontrar significados políticos que quizás las extinguieran. Mi escena favorita muestra a un niño limpiabotas sosteniendo con ternura una paloma mientras se toma un descanso.

02. 02. 2008.
Judit Vajda

 

"PARADISE LOST"

Ferenc Moldoványi: Otro Planeta

El Nuevo trabajo de Ferenc Moldoványi que también ha dirigido “Niños de Kosovo (2000)”, presentado y galardonado en varios festivales, trata también acerca de la vida de los niños y no sólo es una empresa a gran escala sino al mismo tiempo una película con un mensaje global y un ensayo de gran impacto. La película sigue las vidas y penurias de niños explotados, esclavizados, obligados a trabajar hasta el extremo, siete vidas en total, en tres continentes (Sudamérica, África, Sudeste de Asia) en cuatro países (Ecuador, México, El Congo y Camboya).

La pequeña vendedora de chicles y cigarrillos en Ecuador, el niño limpiabotas que comparte el mismo destino, el golfo callejero en El Congo, la niña prostituta, los niños soldado, los maltratados niños trabajadores en una fábrica de ladrillos en Camboya y los que ganan un dólar al día removiendo la basura en un enorme vertedero, todos ellos retratados por Ferenc Moldoványi son a veces más duros y desgarradores que lo que vemos en algunos reportajes de investigación. Es terrible, por ejemplo, cuando la prostituta africana menor de edad relata con absoluta apatía en su rostro y su voz como fue violada por cuatro policías, así como escalofriante escuchar el relato de los niños soldados en El Congo de cómo matan y violan mujeres.

El cineasta sin embargo va más allá de la mera descripción y sitúa las vidas de sus personajes en un contexto mucho más elevado moldeándolos para transmitir un mensaje global y digamos cósmico. Lo más importante para conseguir esto, además de las imágenes de Tibor Mathé y la música de Tibor Szemző, es el marco ficcional de la historia en el que están incluidas las secuencias documentales. Al principio de Otro Planeta podemos ver al sabio mago de una tribu india de Norteamérica, los Tarahumara, junto a una recién nacida y su madre en un maravilloso y bello paisaje. Volvemos a esta idílica y paradisíaca situación varias veces durante la película.

Kiűzetés a Paradicsomból

En este aspecto, la película hace referencia a “Génesis”, un film francés sobre la naturaleza en el que un viejo mago africano cuenta la historia del nacimiento de las criaturas vivas en la Tierra. Por otra parte, las partes ficcionales del trabajo están en una obvia y extremadamente dramática yuxtaposición con los conmovedores e inquietantes dramas documentales. También se me ocurre y es necesario tener en cuenta que todos los horrores que contemplamos son solo visiones o pesadillas de la recién nacida y el chamán. El contraste de dos mundos, Naturaleza y Civilización, se expresa en la doble referencia del título: Otro Planeta, implica que otro mundo ideal, más feliz, existe más allá de la miseria y la explotación, pero también se refiere a este planeta del siglo XXI con sus niños esclavizados, que es en realidad otro planeta, no el nuestro, porque es absolutamente imposible identificarse con él.

Hay, sin embargo, un puente, incluso una conexión entre estos dos mundos tan marcadamente diferenciados: son los Tarahumara y su chamán con poderes mágicos, que viven en una naturaleza ancestral, intacta, que conserva su belleza natural. El rasgo ancestral y mágico está escondido en los niños que viven en una civilización destructiva al borde de destruirse a sí misma. Los niños que hablan de miseria, explotación y esclavitud también mencionan sus sueños como por casualidad (en cuyas visiones apocalípticas, -el mismo infierno-, aparecen también antiguas supersticiones como elementos bíblicos) o hablan de ser acusados de brujería (los golfos callejeros del Congo se ganan la vida en la calle porque sus familias los tachan de niños brujos y los echan de casa). Merveille, el nombre de la niña prostituta significa ‘milagro’, así como la niña que vende en la calle se llama Luz.

Suponiendo que estemos de acuerdo en que películas que aspiran al poder del montaje, el ritmo y la música en sus secuencias de imágenes documentales logran un nivel más alto de arte cinematográfico, como por ejemplo, la trilogía Qatsi de Godfrey Reggio (Koyaanisqatsi, Powaqqatsi, Naqoyqatsi), Baraka o Bodysong, y las llamamos películas poéticas o de imágenes poéticas, entonces por la misma razón aplicamos un definitivamente inusual, si no único, método y podemos seguramente hablar de Otro Planeta como una película ensayo, donde la descarnada y desnuda presentación de la realidad y la ambición de conseguir un efecto artístico son buscadas y utilizadas por igual.

Hogyan lehet 10-12 év alatt leélni egy életet?!

¿Por qué concretamente niños? No es la primera vez que Ferenc Moldoványi ha trabajado sobre niños (ver el anteriormente mencionado documental Niños de Kosovo 2000) pero esta vez, los pequeños, además de representarse a sí mismos y a sus propias historias, parecen conseguir, si es posible, una significancia que va más lejos y que implica que su destino personal se convierte en simbólico. Como son explotados y han sufrido abusos a pesar de su inocencia se convierten en la representación absoluta del sometimiento total. “Uno puede alcanzar a comprender la esencia de estar indefenso a través de las vidas de estos niños”, comenta el director durante la proyección de su película, que en resumen, desea enviar un mensaje global sobre la crisis moral de nuestro planeta.

Las vidas de estos niños y lo que representan son extremadamente conmovedoras, dejándonos exasperados y amargamente desilusionados. Es un hecho que “los beneficios de los dos hombres más ricos del mundo equivalen al PIB de más de 40 países o que de 6 billones de personas que viven en nuestro planeta, 3 billones subsisten con menos de un dólar al día…” No todo está perdido, sin embargo, mientras se sigan haciendo películas como la de Ferenc Moldoványi. Quizás…

Judit Vajda – Hungarianfilm.com

04. 02. 2008.
Nóra Szabó

 

FERENC MOLDOVÁNYI – OTRO PLANETA

Nuestra breve conversación durante la proyección de Otro Planeta dejó claro que el propósito del director ha sido llevar su película a un nivel más elevado de interpretación que con el que los reportajes y noticieros tratan con los problemas globales. Misión cumplida. Otro Planeta es similar a “Koyaanisqatsi”, “Baraka” y el “Viaje de Iska”, todos similares en lo que concierne a sus temas y efectos. Se parece a los dos primeros en la imaginería de las secuencias naturales y la presentación de los problemas globales y está cerca del tercero por como presenta la forma de vida de los niños, esa de la que en realidad no queremos saber nada. La película de Moldoványi como la de Alföldi se mueve entre dos géneros, el de ficción y el documental.

Moldoványi Ferenc La diferencia entre las dos películas es que Moldoványi lo hace sin ninguna inestabilidad. Su película documenta con simplicidad plasmando la realidad en imágenes deliciosamente fotografiadas que poseen una atmósfera extremadamente fuerte. No hay comentarios de más. El equipo viajó por varios continentes pero el espectador apenas sabe por dónde. Además de la música sublime de Tibor Szemző que da una cualidad surrealista a la película, es esta incertidumbre geográfica que nos hace dudar de dónde estamos, la que acerca Otro Planeta al género de ficción.

La película de Moldoványi es una cadena de episodios. Algunos son más cortos, otros más largos, pero todos ellos están relacionados por la miseria y el desvalimiento de sus personajes. También es necesario destacar que todos los niños de la película son menores de edad y sus vidas son muy similares: todos luchan por sobrevivir y también por la vida de sus hermanos y hermanas, sus familias y no retroceden ante lo más humillante o inhumano para hacerlo. Más bien al contrario, lo consideran natural y aceptan su destino. En el mejor de los casos venden caramelos en las calles y en el peor venden su cuerpo a los ocho o diez años de edad y muestran un preservativo si se les pide la identificación. Verán niños pequeños haciendo la limpieza en el mercado, cargando ladrillos, limpiando zapatos en la calle, incluso sirviendo en el ejército. Se nos hace un nudo en la garganta cuando vemos estas imágenes, pero aparte de mostrar a los niños realizando sus tareas diarias, también se les pregunta por sus sueños. Bien, todo se clarifica en ese momento. Una niña pequeña, de unos cinco años de edad, por ejemplo, llora desesperadamente hablando del miedo a volver a casa hasta que no haya recogido suficiente metal y plástico en el vertedero de basura ese día.

El trabajo de Ferenc Moldoványi pertenece a la categoría de las películas importantes. Es la clase de trabajo importante tanto local como globalmente y habla con claridad a todo el mundo de nuestro planeta superando fronteras culturales. No llega a conclusiones en lugar del espectador y no juzga. Tan “solo” muestra.

Nóra Szabó - Terasz

52 FILMVILÁG 2008/5
Anikó Górácz

 

UN LUGAR NO APTO PARA NIÑOS

Prostituta, soldado, pordiosero: destinos que ponen a prueba incluso a un adulto. Los héroes de El otro planeta viven todo esto siendo niños.

La película de Moldoványi Ferenc, Otro planeta, pinta un cuadro dramático de un mundo en el que el siglo XXI sigue sin ser el siglo de los niños, sino más bien todo lo contrario, el mundo centrado en el consumismo se precipita de tal manera hacia su destrucción, que en su caída se lleva consigo a los países empobrecidos, con las generaciones más jóvenes al frente.

El gran señor con cabeza de cerdo obliga a trabajar a los niños también, y la pobreza es la excusa ideal para los padres explotadores. La calma, madurez y a veces indiferencia, con la que cuentan los niños sobre su propia miseria, intensifica al extremo el dramatismo de las escenas, mientras se acerca al espectador a su cotidianidad desesperanzadora. Los destinos se vuelven cada vez más trágicos y nos introducen gradualmente en el mundo apocalíptico, pasando de la comunidad india que le adjudica al niño un valor, hasta los niños prostituidos y soldados del Congo.

El director Moldoványi Ferenc, el cámara Mathé Tibor, y el compositor Szemző Tibor, hacen uso de las tradiciones más nobles del género del docudrama, y a la vez muestran nuevas perspectivas.

Anikó Górácz – Filmvilág

László Szabó G.

 

DONDE INCLUSO EL SUEÑO ESTÁ HECHO DE BASURA

Vendedores ambulantes nocturnos. Pequeñas prostitutas con ojos llorosos. Carroñeros de la basura. Soldados armados. Y todos niños. Tienen ocho, nueve, diez años. En El Congo, en Camboya, en Ecuador. “¿Dónde está UNICEF? ¿En qué lugar del mundo si no aquí?” Son palabras de Eduardo Galeano que agregó a su documental en color de 95 minutos, Otro planeta, del director Moldoványi Ferenc. Una creación doliente pero verdadera, estremecedora pero honesta, deprimente sin ser sentimental, humana y al mismo tiempo vergonzante. Para los que piensan que ya lo han visto y oído todo sobre los indigentes de nuestra época, sobre los países afligidos por la pobreza de África, Asia y Sudamérica, y sobre los niños que ignoran su dignidad a causa del hambre, mi mensaje para ellos sobre esta obra dramática petrificante es el siguiente: lo más difícil aún está por llegar.

Es muy diferente leer o ver un reportaje de tres minutos, que casi no llega a la conciencia, a tener ante nuestros ojos el desarrollo de los destinos personales y enfrentarse a través de estas vidas a lo que sucede en el mundo a la vuelta del segundo milenio. Ferenc Moldoványi, director de documentales del mundo, y el cámara Mathé Tibor, que hace gala de una gran empatía, nos muestran la crisis moral de un mundo enrevesado en imágenes que reflejan las situaciones humillantes más diversas. Los héroes de Otro planeta no piensan siquiera en el pasado mañana, ya que para ellos incluso el mañana es un futuro lejano, no tienen qué comer, ni pueden cambiarse de ropa, y en realidad unos zapatos sólo los ha visto de cerca el niño que trabaja sacándoles brillo. Este mundo es otro mundo. Otro planeta, que no es apto para niños, aunque tampoco lo sea para adultos. Este mundo no esconde su rostro árido y nada prometedor, nos revela con la delicadeza de una bofetada que aquí incluso el sueño está hecho de basura, y que aunque busques y hurgues todo el santo día, no encontrarás la buena fortuna.

Another Planet

Es la figura simbólica de una niña india la que une los diferentes episodios a pesar de ser muy distantes entre sí. Pasea en la costa de un lago que se traga el alma de los niños. De aquellos niños cuyo esfuerzo por cruzar un infierno cruel de mugre, vacío y alienación, sería demasiado hasta para un adulto. Los niños, que con una tabla colgante de sus cuellos, de pie en medio de la noche, intentan vender una cajetilla de cigarros o un fósforo, porque no pueden regresar a casa sin dinero, de lo contrario sus propias madres los golperían. Otros son los “buscadores de oro” de los basureros o los niños escuálidos que cargan ladrillos al límite de sus fuerzas, de siete u ocho años, empujando cargas que los sobrepasan en altura.

Hay en la película una niña, que aún no ha cumplido los diez años, que cuenta cómo dio su virginidad a un turista americano para poder llevar dinero a casa y atenuar su hambre con un puñado de arroz. Al mismo tiempo en otra parte del mundo un adolescente busca al cliente que quiera sacar brillo a sus costosos zapatos. Sus manos están heridas por tanto trabajo, pero en sus ojos pervive la esperanza de que algún día pueda cambiar su vida lamentable.

En las últimas secuencias de la película niños soldados realizan sus ejercicios con el pecho contra el suelo y un arma a los hombros que tal vez pesa más que ellos mismos. Son niños esclavos. Víctimas indefensas del gran señor con cabeza de cerdo. Moldoványi Ferenc recorre con sus héroes menores de edad las estaciones irreales de la alienación, héroes que sin rebelarse, con resignación y sin embargo con una visión clara de todo, aceptan sus destinos.

En la primavera del 2000 el director hizo una película angustiante sobre los niños albanos y serbios de Kosovo. Con Otro planeta va más lejos, tanto geográfica como moralmente. No es fácil abstraerse de la película, pero esto se debe también al trabajo del cámara Mathé Tibor y la música de Szemző Tibor. Juntos, los tres, ponen ante nuestros ojos un documental potente sin efectismos, repleto de signos de interrogación, que va en contra de todo lo que creíamos hasta ahora sobre el pensamiento humanitario.

László Szabó G. – Új szó

2008. IV. 14
Zsuzsa R. Szabó

EN LAS FAUCES DE LA MUERTE, CERCA DE DIOS

 

Másik BolygóLa película Otro planeta, de Moldoványi Ferenc, nos enseña las vidas en toda su crudeza e irracionalidad de siete niños en cuatro países de Sudamérica, África y el sureste de Asia. La niña ecuatoriana que vende cigarros, los niños de la calle de Congo, los niños prostituidos y convertidos en soldados, los obreros de la fábrica de ladrillos en Camboya y los hurgadores de basura, menores de edad que viven en circunstancias indignas, alienados, en las fauces de la muerte, no obstante cerca de Dios.

Moldoványi no piensa en clichés, no embellece ni distorsiona, no pretende ser más dramático o contundente con escenas dirigidas o secuencias cortadas con la intención de intensificar el efecto. Le gusta confiar el efecto a los rostros, a la charla, la entonación; por esta razón son los niños los que hablan de su vida diaria. Evocan sus sueños más significativos, en los que casi siempre hay una destrucción ancestral, un encuentro con el Creador, o la imposibilidad de ese encuentro. Algunos tienen visiones del fin del mundo, otros hablan del deseo de estar sentados junto a los apóstoles de Jesús. Como si tuvieran un conocimiento antiguo, innato, de que esta existencia terrenal, que para ellos es más un vegetar sin perspectiva, es seguida por una especie de purificación y un encuentro con el padre de todas las cosas.

Másik BolygóMásik Bolygó

La película comienza con el ritual de un chamán indio, después conocemos la historia de una niña ecuatoriana que vende cigarros, quien en una visión apocalíptica soñó con la destrucción de la Tierra. Tras las secuencias que revelan la historia de su vida aparece un niño pequeño ante la cámara que pasa su día a día limpiando con mucha concentración y humildad los zapatos de los transeúntes. En la película de Moldoványi penetramos también en la miseria sin esperanza de los niños de la calle de Congo, a la que sólo la pelota roja de fútbol agrega algo de color. Es estremecedora también la historia de la niña que se hace prostituta a los ocho años, y que sin perturbarse cuenta sobre cómo y cuántos la han violado, y como si fuese la cosa más natural del mundo, que en lugar de mostrar su identificación a los policías, quienes también la han violado varias veces, les enseña un condón.

La alienación corporal y espiritual es muy fuerte también entre los pequeños obreros de la fábrica de ladrillos en Camboya, quienes soportan sin chistar, sin una queja, las cargas tremendas y el trabajo físico que sería desgastante incluso para un adulto. Sólo la lluvia repentina conlleva un descanso, el lavado juguetón es el momento más alegre de sus vidas. El vegetar indigno al ser humano resalta con más fuerza entre las niñas que buscan metal y plástico en los basureros. Ellas son las que traen el dinero a sus familias, si tienen un buen día pueden ganar hasta un dólar, con lo que únicamente les alcanza para pagar su ración de comida para ese día. La realidad más estremecedora nos la muestra la historia de los niños soldados de Congo, quienes con toda su atención concentrada en las armas, viven en las fauces de la muerte, muy cerca de la aniquilación total.

Másik BolygóA pesar de todos los horrores, la simbología de infierno y paraíso está presente en toda la película. Para estos niños la existencia terrenal es un infierno angustiante, pero saben que hay una dimensión más allá de la existencia, y que existe el Redentor y la purificación. El efecto sorpresivamente honesto se logra también gracias a las imágenes del cámara Mathé Tibor y la música de Szemző Tibor.

En relación a la película de Moldoványi, muchos afirman que quiso formular un mensaje global sobre la crisis moral en nuestro planeta. Pero esto es cierto sólo a medias, porque mientras muestra sin tapujos la tremenda vida de los niños, no emite sentencias sabias, no saca consecuencias y no apela a la indignación del espectador.

La película recibió el título de Otro planeta, y aunque sabemos que su significado es simbólico, no deja de ser sorprendente que el planeta mostrado por Moldoványi sea el mismo planeta en el que vivimos.

Zsuzsa R. Szabó - DEOL